Viernes 26

Llega el teniente coronel Escobedo y don Francisco Ceballos de Catorce, en donde dejaron al coronel Zayas.

Habiendo observado yo que el general Cruz y Alemán estaban alarmados en la tarde porque don Francisco Ceballos les contó que el general Vidaurri dio orden al señor Zayas que los mande a Monterrey amarrados, y que el señor Degollado, gobernador de este estado, está en Solís desde ayer con 800 hombres y que podían emprender fuga de mi casa comprometiéndome a mí y a mi familia, dije al señor Escobedo delante del capitán don Fernando Cordero que le daba parte de mis sospechas (a las siete de la noche de hoy) para evitar toda responsabilidad, que según el general Cruz no le había exigido el señor Zayas palabra de honor, y en fin, que él (señor Escobedo) se las exigiera y que pusiera de vigilancia dos o tres soldados suyos de confianza. Convino el señor Escobedo a lo que le insinué, pero no volvió en toda la noche ni puso los soldados en casa.

Una de mis observaciones fue de que el asistente de Alemán y el de Cruz se rasuraron el bigote hace dos días, y el asistente del primero desapareció de casa desde el oscurecer de hoy.

Sábado 27

A las seis de la mañana me despertó el mozo Mónico Flores diciéndome que ya se habían fugado el general Cruz, don Francisco Alemán y sus dos asistentes a medianoche. En el acto, mientras me levantaba, le mandé lo participara al señor Escobedo para que tomara providencias. Me levanté y fui yo a verlo, de lo que resultó que mandaría aprehender a los mozos veladores Juan Reyes y Mónico Flores, habiéndole yo recordado que desde anoche le avisé que me sospechaba que se iban a fugarse, para salvar mi responsabilidad. Vino a casa conmigo el señor comandante don Juan Bautista Vega, y habiendo registrado la pieza en que los fugados estaban, se encontró porción de papeles rotos de los que formó boletas de letra de Alemán en que le decía al general Cruz que estaba de acuerdo el dependiente alto y que se irían a medianoche, con otras aclaraciones más. El señor Vega, por orden del señor Escobedo, se llevó a don Luis Cázares, dependiente de esta negociación, para tomarle declaración y quedó arrestado con los mozos en el Mesón de San Carlos.