El pario del coronel Valdés
Otros, con 2.800 y doce piezas.—A las entradas de la tarde toda la fuerza estaba con brida en mano, y aguardando por momentos la hora de marcha.—Es de notarse la exaltación de muchos particulares que a cada momento llevaban para informarnos que tendrían que acompañarnos aunque su único crimen fuera el de ser liberales exaltados. Entre los muchísimos que nos acompañaban, se nota al “cieguite” don Juan Valle, el vate de Guanajuato, poeta de mucha capacidad y cuya interesante conversación indica talento y fino gusto. Es hombre exaltadísimo y de muy buena aceptación entre la aristocracia de esta ciudad. Entre otros nos acompaña el muy liberal Gobernador interino de este Estado don Francisco Berduzco, hombre de fibra y mucho espíritu público, además del reductor de la “Blasa” el Lic. D. Vicente Méndez, hombre de dimensiones a la Liliputense, pero vivo como una avispa.—Les causó asombro a los habitantes cuando vieron que a eso de las seis empezaron nuestros soldados a desensillar como si no hubiese tal enemigo tan inmediato.
—Son las doce de la noche, y estoy tomando este apunte en la mesa del Palacio del Gobierno, donde úlceras han sido expedidos por los secuaces de los partidarios del obscurantismo. El ronquido de los compañeros en los comedores y piezas inmediatas, indica que descansan como todo hombre de conciencia tranquila.—Llegó una comisión del Sr. Turta, y el oficio que dirigió al St. Aramberri se expresa con mucha energía en favor de que la revolución se vea a puro y debido efecto. La contestación que le dio va de acuerdo con sus sentimientos.—La misma comisión pasa a San Luis con el objeto de ver a D. Juan Zuarna sobre la misma materia.—Aún no sabemos si el enemigo vendrá para esta plaza oirá para México. No sería difícil darle un buen susto, pero las malditas órdenes que tiene el Coronel Aramberri lo amarran completamente, lo cual le causa la mayor pena.
—Nuestros exploradores cubren todo el terreno de esta ciudad a Silao y Teón, donde el enemigo pernoctó anoche.