Diario del Coronel Valdés

Y arrancarle allero todo el dinero que necesitamos, no hay
peor enña que la del propio palo.—Pasamos la Sierra de
Guanajuato que es riquísima por su abundancia de pastos,
agua y maderas. Es camino durísimo y muy escabroso—
Para entrar a Guanajuato pasamos por la muy célebre mina
de Valenciana que ha enriquecido a tantos hombres, y que
ahora se encuentra casi en ruinas. Las ruinas mismas indican
que han visto brillantes días —Como a las 5 de hoy 15,
entramos a la ciudad, y frente al Palacio nos rodearon miles
del pueblo que nos vitoreaban a porfía. Se notaba en sus
semblantes una mezcla de esperanza, alegría y envidia.
—Mora y Villamil, con Licéaga y mis 200 hombres están en
Fresnillo, y al ver que no los miramos, sin duda tocaron la
retirada.—Los Coroneles ocupan el Palacio del Gobierno que
es muy soberbia fábrica, hecha con mucho gusto y muy bien
amueblada.—A la gente de criterio parece que está azorada al
vernos, y no pueden entender cómo había sido que tantos
hombres de humildes trajes han derrotado y puesto en evidencia a tanto espadachín de golillas y aparejos bordados.

Día 16.—Se despacharon correos para San Luis, Guadalajara y Morelia.—Se recibió noticia de que Licéaga, Mora y Villamil y toda su hueste, continúan su fuga rumbo a Querétaro. Y todo esto antes de movernos de aquí. Si después de esto, hay necios que crean que los tales militares valen un pito, los que tal cosa creían deberán ser o muy tontos o muy pillos.—Se recibió noticia de la toma de Durango, el 7 del actual por los de Chihuahua y Zacatecas, bajo las órdenes de mi amigo D. Estéban Coronado. Con este hecho las operaciones se reducen al centro de la República. — Fuimos esta noche al teatro, y el palco del Gobierno lo ocupaba el Sr. Aramberri con varios oficiales y yo, que los acompañamos. La concurrencia nos observaba con una curiosidad muy notable, y por cierto que esta gente no tiene una verdadera idea de lo que es el mundo. No hay que dudarlo,

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