Diario 13.—La casa que se les dio a los dos coroneles y a sus planas mayores, pertenecen a uno de los santos padres de la Villa. Tiramielo entre los barcos. La especie de esclavitud que se nota en estas haciendas, es mucho más odiosa que la que existe en el Sur de los Estados Unidos. —Temprano en la noche vinieron varios particulares a visitar al coronel Aramberri, y entre ellos dos de los vicarios de esta Villa. Causaba asombro e indignación ver a estos señores contar muchísimas anécdotas para ilustrar el genio y carácter de su cura párroco D. José María Espinosa, natural de uno de los pueblos inmediatos a Morelia. Según la verídica relación de estos señores, el cura celebra los santos oficios cada vez que le antoja, comenzando las ceremonias a las once de la noche y a puerta cerrada. Uno de los vicarios en una de estas solemnidades, llegó a sorprender a dos pecadores queriendo cumplir con el mandato de vivir y multiplicar, y aunque el dicho vicario envió al hombre a la cárcel, por influjo del mismo cura fue puesto en libertad, quien también suspendió al vicario por lo que había hecho. El delincuente era el jefe de una especie de cofradía establecida por el mismo cura, bajo el nombre de la Santa Conferencia, y sus miembros son otros tantos espías en la población. Por los pormenores que los vicarios nos dieron, la conducta de este prelado es la más adecuada al objeto de corromper y fanatizar a las masas, y semejantes prelados son más perjudiciales a la sociedad que lo que podía serlo un ladrón de camino real. —En el camino encontramos un gran número de mujeres con muy pocos hombres, que iban de los ejercicios, y tan diestras en sus supersticiones que como uno de nuestros oficiales les dijo que cantaran las alabanzas, se soltaron cantando todos a un tiempo. Esta gente está para ser civilizada, y verdadera libertad no puede haber entre tantos ignorantes que ciegamente obedecen a un clero tan corrompido. —En la tarde llegó un carro de parque, escoltado por algunos de Monclova.
