El número de pobladores asciende, según informes, a quin-
ce mil habitantes. Esta hacienda es una de las más ricas
y hermosas en la República, y la pequeña ciudad que lleva
el nombre del Jaral tiene algunas fincas muy buenas y de
mucho valor. Esta noche parece una feria, y al ver a nuestros
soldados divirtiéndose, nadie supondría que andaban en
campaña. Además de las buenas casas y jardines que se no-
tan aquí, llama la atención una huerta que tiene cosa de
una legua de circunferencia. Todo el terreno de aquí a San
Luis está bien cultivado y llaman la atención las grandes
siembras de chile colorado.

Día 11.—Continuamos en el Jaral habilitando la fuerza
con caballos, etc. En la tarde nos pasamos en la muy her-
mosa huerta y merendamos en el centro de ella, donde los
dueños millonarios habrán pasado tantos días de placer.
Quizá nunca soñarían en que los “vándalos del Norte”, los
enemigos de sus privilegios y fueros, habían de ser servidos
por sus criados en sus mismos jardines. El efecto moral
que la presencia de nuestro ejército causará en el interior
será provechoso para el pueblo y quiera Dios que los resul-
tados sean dignos de los sacrificios hechos por Nuevo León
y Coahuila. Temprano en la noche llegó una comisión del
pueblo con la noticia de que unos sesenta y cinco hombres
del enemigo se habían retirado de San Felipe, anoche a las
diez. Los acompañaron el Cura y las autoridades conserva-
doras. Que la tropa se haya retirado no causa asombro,
¿pero el Cura? ¿Será porque ha cumplido con las obliga-
ciones de su ministerio? El clero es el enemigo más formi-
dable que tienen los pueblos y sus partidarios. Nuestra
fuerza avanza llena de entusiasmo y confianza sin siquiera
pensar en que puedan ser derrotados.

Día 12—Se hizo jornada de la hacienda del Jaral a San
Felipe. Según buenos informes, la dicha hacienda del Jaral
es la primera en la República, y su dueño es un verdadero

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