El día 9 de marzo de 1777 en México, salió la última tropa del Regimiento de Granada, y ese mismo día entraron los primeros milicianos de la Corona, y era domingo.

El día 11 de marzo de 1777 en México, salieron la Real Audiencia y el señor virrey a andar las estaciones para ganar el año santo, y fue en martes y fue toda la Guardia de Alabarderos.

El día 12 de marzo de 1777 en México, en el Sagrario, se confirmó y se le pusieron los santos oleos a la hija del señor don Francisco Viana, oidor que era de esta Real Audiencia y pasaba a Madrid de consejero de Indias. Una y otra cosa lo hizo el señor arzobispo de México don Alonso Núñez de Haro, y fue su padrino el señor don Francisco Marcelo Pablo, su bisabuelo, y se le puso el nombre de María, y fue en miércoles.

El día 13 de marzo de 1777 en México, sacaron de la cárcel de la Acordada cuatro hombres para ahorcarlos y cuatro mujeres a la vergüenza, por cómplices en los delitos de éstos, y fue juez interino don Juan Barberi, y fue en jueves.

El día 22 de marzo de 1777 en México, murió don Juan de Ochoa de 81 años de edad, alabardero, el más antiguo. Tenía en esta plaza 56 años, dos meses y seis días, y conoció 14 virreyes, siendo el último el señor don fray Antonio María de Bucareli. Se enterró en el Sagrario de la Santa Iglesia Catedral en domingo de Ramos.

El día 28 de marzo de 1777 en México, salió del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral la procesión del Señor de las Tres Caídas, y fue el primer año que salió de esta iglesia, porque estaba en San Francisco en la capilla del Señor San José. Cuando entraron los montañeses en dicha capilla, lo pasaron al Sagrario, y fue dicha procesión en viernes santo.

El día 30 de marzo de 1777, entró aviso de España y no pasó más noticia que el ascenso del señor Becerra y del señor Arrangoitia a oidores, y fue en domingo de Pascua de Resurrección. Este día, en el Real Palacio, hubo acuerdo de los señores oidores para definir el punto sobre el alboroto que habían tenido los padres agonizantes con su superior, de los que cuatro debían ser descomulgados, y fue menos, porque fue el señor arzobispo de México don Alonso Núñez de Haro a levantar la descomunión en San Francisco, en donde estaban retraídos.

José Gómez