Y al cabo, yo le habría de aconsejar, lo mismo que hice con Sabino; que se entendiera contigo, directamente. Con las mejores deseos de ser servicial, resuelvo evitar, en lo adelante, inútiles responsabilidades. Desde 21 de abril redije que, ya que la pobre de Mama Manzanera había fallecido, dispusieras de los consagrados $40 en beneficio de su hijo Agustín. Más, para el caso de que no lo hayas hecho, dicha suma te autorizo para gastarla en provecho de Concha o de quien de los parientes más la necesite. Tú, que estás entre ellos, sabrás mejor que yo. Los ligeros servicios que a mis parientes he hecho, los he hecho con el corazón en la mano; y me alegraré que los hayan aceptado de buena voluntad. Te equivocas sobre la salud de mi hijita. Es su mente fuerte, y únicamente adolece de la maldita propensión al garrotillo; y no dudo que ésta desaparezca con la edad. Espero que Alicia escribirá. Muchas y cariñosas memorias a todos los parientes. Como siempre tu muy afecto primo, Ángel de Iturbide.